El viaje comienza en Internet (I)

El pasado viernes asistimos a la tercera edición de Madrid Travelthink que, como ya sabéis, es “el evento de referencia en el sector turístico y las nuevas tecnologías”, organizado por la empresa de Promoción Turística de Madrid y patrocinado por Google.

Las interesantes reflexiones que allí escuchamos nos ofrecen la excusa perfecta para plasmar aquí algunas consideraciones que desde hace ya algún tiempo veníamos apuntando en BetyByte sobre un sector vital para la economía española y que trataré de condensar en dos post consecutivos. En el primero, daremos un breve repaso a la historia del turismo en nuestro país para pasar posteriormente a un análisis de hacia dónde se dirige.

Si en la década de los años 60 los prescriptores de los viajes eran catedráticos ilustres, profesores de antropología y otros eruditos los que hablaban de las bondades naturales y culturales de destinos más o menos exóticos, en los 70 serían los grandes viajeros como De la Cuadra Salcedo los que contaban en primera persona su experiencia aventurera invitando a los pocos que se lo podían permitir a imitar sus pasos y convertirse, aunque fuese por unos días, en unos intrépidos Indiana Jones a la búsqueda de destinos en los que la actividad principal consistía en disfrutar de la naturaleza, el sol, todo tipo de restos arqueológicos y arquitectónicos y ciertos eventos culturales. Mientras todo eso ocurría, España se convertía, casi sin quererlo -y por obra y gracia de atributos tan dispares como la tortilla de patata, la paella, el jamón, el vino, los toros, la pandereta o la peineta- en uno de los destinos preferidos de los europeos más cercanos que buscaban en nuestro buen clima y en unas costas privilegiadas y poco accesibles para la población local, un destino ideal tanto para el ocio como para la inversión inmobiliaria con vistas al mar. Así, nuestras costas se fueron llenando de resorts, hoteles, urbanizaciones y otras infraestructuras que, al amparo de los especuladores y de una laxa legislación transformaron la orografía de nuestras costas y convirtieron al turismo en uno de nuestros principales motores económicos.

Llegaron los 80, y con ellos el viajero que compaginaba el turismo de interior con algunos viajes internacionales en los que prácticamente sólo se pensaba en destinos a tiro de las pocas líneas aéreas existentes. El boca-oído y la experiencia del vecino o el compañero de trabajo fueron los precedentes de un hábito de consumo que cambiaría de forma irreversible en los años venideros.

Así, durante la década de los 90, el asentamiento de Internet no sólo como una -entonces truncada- forma de publicitarse, sino como la posibilidad de desintermediar la relación con los clientes hizo posible el perfeccionamiento de algunos de los modelos de negocio que hoy en día conocemos. Gracias a las posibilidades de comercio electrónico y del ajuste oferta/demanda/precio que permitían las nuevas tecnologías -en ese momento emergentes-, proliferaron una serie de compañías low cost que cambiaron por completo el escenario del mercado del turismo, creando un volumen de oferta impensable hasta el momento.

Los nuevos modelos de negocio, la proliferación de las low cost y la desintermediación del canal de distribución a través de las herramientas y portales de venta on-line, pusieron en jaque a los líderes del sector, llegando incluso a hacer tambalear los cimientos de algunas aerolíneas y centrales de reservas que tuvieron -aún están en ello- que realizar fuertes reconversiones internas para buscar una mayor competitividad.

La posibilidad de reducir el coste del viaje y la proliferación de un entramado de líneas y destinos mucho más nutrido, unidos a un tiempo de ocio cada vez más corto, provocó que los viajeros se hicieran más y más exigentes y pasarán del típico cóctel destino/viaje/alojamiento al actual destino/viaje/actividad/alojamiento. Se incluyeron nuevas variables en la decisión de compra ampliando el espectro y las posibilidades de comercialización de productos y servicios a los viajeros que, además de viajar, dormir y comer, tenían y querían aprovechar sus viajes para hacer un sinfín de cosas (comprar, practicar actividades, asistir a eventos culturales, hacer negocios, etc.) sin perder ni un minuto. Así, el transporte perdió peso en beneficio de las actividades a desarrollar en el destino.

El uso de las nuevas tecnologías y las ilimitadas posibilidades que las nuevas herramientas de comunicación ofrecen a los consumidores constituyeron el penúltimo apretón de tuercas del sector. La prescripción entre consumidores se ha convertido ya en un factor tan importante como el destino o las actividades y, hoy en día, raros son los viajeros que no buscan toda la información para realizar un viaje en Internet. Parte de esta información son las opiniones, valoraciones y consejos de otros viajeros que han realizado el mismo viaje en condiciones similares.

Pero las distancias no sólo se han reducido gracias a la proliferación de aerolíneas y medios de transporte, sino que también ha crecido la competencia. En parte, porque el tan deseado “buen tiempo” se ha convertido, gracias al cambio climático, en un bien más común, pero también porque otros factores como la crisis han hecho que los viajeros comiencen a mirar hacia otros destinos como los de la Europa del este, los países del norte de África y los destinos de la Europa occidental.

A la vista de esta evolución la pregunta es obvia ¿Cuáles serán los siguientes pasos del sector?

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Lunes, 14 de diciembre de 2009 Marketing, Noticias

1 comentario en El viaje comienza en Internet (I)

[...] reflexiones sobre el turismo que, por su extensión, hemos dividimos en dos entradas. Al final del anterior post dejábamos abierta una pregunta: ¿Cuáles serán los siguientes pasos del sector del [...]

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