Internet killed the TV star?
Parafraseando el famoso título del tema que en 1979 lanzó al estrellato al grupo The Buggel -”Video Killed the Radio Star”- y en el que se parodiaba el fin de una estrella de la radio debido a la proliferación del video, 27 años más tarde seguimos asistiendo a la búsqueda del formato perfecto y al eterno dilema sobre los medios:
¿Terminará Internet con la televisión?
Al igual que la predicción sobre el incierto futuro de la radio no se cumplió, tampoco creo que suceda con la Televisión. Si bien es cierto que, como ocurrió con la radio, asistimos a una reconversión tardía del sector que responde a un cambio de hábitos de consumo de los espectadores.
A diferencia del formato de audio, que es posible transmitir vía Internet con una razonable calidad gracias a la irrupción de nuevos formatos de compresión que, además, han favorecido el desarrollo de
comunidades y redes sociales orientadas hacia el sector musical, el formato de video se encuentra ante un importante dilema, como es la conciliación entre los contenidos de interés para los usuarios, la calidad y la protección de derechos del contenido.
De esta forma, presenciamos la convivencia entre tres fenómenos que son innegables:
1.- Los potenciales clientes/consumidores/espectadores dedican cada
vez más tiempo de ocio a navegar por Internet que a consumir la Televisión.
2.- El formato de Televisión ha evolucionado gracias a la Televisión Digital
Terrestre y la aparición del Full HD y de otros formatos de video e imagen de gran
calidad que, aún hoy y durante los próximos años, van a seguir encontrando un problema
en la transmisión “on demand” vía Internet.
3.- Los grandes acontecimientos televisivos y los contenidos de éxito siguen demostrando
que no sólo son capaces de generar audiencias de millones de personas cada día, sino de
sostenerlas durante años.
Aunque sea un hecho incontestable que portales como Youtube tengan audiencias comparables con las de los principales grupos de comunicación, no es menos cierto que su modelo de negocio y
de generación de tráfico se basan, por un lado, en el interés que suscitan contenidos generados inicialmente para otros formatos y, por otro, a la vulneración masiva y cotidiana que, a pesar de los esfuerzos de moderación, se produce cada día con cientos de miles de contenidos que infringen las más elementales normas y leyes de protección de los derechos fundamentales de autor, distribución, imagen e industriales.
Aunque parece evidente que el hábito de los consumidores acabará propiciando un cambio en la legislación hacia la permisibilidad, no es menos cierto que esto parecería responder al interés de sólo
una de las partes.
El debate está ahí y en una próxima entrada ahondaremos más en él…
Aún no hay comentarios.



